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An Autobiography
by Sammy Sosa with Marcos Bretón
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La gente siempre me pregunta cómo me mantengo en forma durante el invierno cuando estoy en mi país, la República Dominicana. ¿Tengo un gimnasio en casa? ¿Contrato a un entrenador personal? ¿Practico en un diamante construido especialmente para mí con los últimos adelantos técnicos? Te puedes permitir esos lujos, me dice la gente.
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Pero déjenme contarles mi secreto. Tres días a la semana, después de la temporada, salgo de casa temprano por la tarde y me encamino a un sitio especial, el lugar donde me preparo para la siguiente temporada. En este peregrinaje me acompañan mis bates, mi uniforme de los Cachorros de Chicago y todo lo necesario para practicar el arte de pegar a la pelotauna habilidad que me ha traído tanta fortuna y me ha permitido conocer a tanta gente maravillosa.
Para dar las gracias a todos ustedes que me han animado y llenado la vida con tanta alegría, les escribo este libro y los invito a este viaje. Confío en que cuando juntos lo completemos no quedará ninguna duda sobre quién soy y cómo soy.
Hago este viaje (ya les diré pronto hacia dónde) para recordarme a mí mismo de dónde provengo, qué es lo que me da fuerza y qué cosas me han hecho quien soy. Y cada vez que lo realizo, este recorrido se convierte en una celebración, no de jonrones y millones de dólares, sino de fe.
De hecho, mi vida es una celebración de la fe; fe en mis habilidades como jugador de pelota cuando ningún equipo me quería, fe en Dios cuando mi familia y yo teníamos hambre y estábamos sin un centavo. Fe en la persona más importante y más querida de mi vida: mi bendita madre, Mireya.
Alabo su nombre, me toco el corazón y le envío un beso directamente a través de las cámaras de televisión cada vez que logro un jonrón. Ese sencillo gesto es como mi distintivo, algo de lo que se habla mucho en los periódicos y en las revistas. En todos esos artículos y en la televisión siempre digo lo mismo: "Te quiero mamá".
Ese amor me ha sustentado toda la vida, desde aquel lugar que visito una y otra vezprimero cuando era un niño descalzo, ahora como una persona afortunada. Es un pueblo muy conocido para los seguidores del béisbol: San Pedro de Macorís, una ciudad de esperanza y 200.000 habitantes.
Copyright © 2000 by Sammy Sosa. Excerpted courtesy of Time Warner Trade Publishing.


