Antes de que nadie hubiera oído hablar de mí, San Pedro era conocida como una increíble ciudad que daba más jugadores que ninguna otra a las Grandes Ligas. Tony Fernández, ganador de numerosos trofeos guante de oro con los Azulejos de Toronto, es de San Pedro. Pedro Guerrero, estrella de los Dodgers de Los Angeles es también de San Pedro. También son de San Pedro el ex Jugador Más Valioso de la Liga Americana, George Bell, y Rico Carty, quien fuese Campeón de Bateo de la Liga Nacional con los Bravos de Atlanta en 1970.
También el lanzador Joaquín Andújar, que ganó 20 juegos consecutivos con los Cardenales de San Luis en los años ochenta. Podría mencionar muchos máspodría formarse un equipo de primeras figuras integrado exclusivamente con oriundos de San Pedro.
Otra cosa por la que se conoce San Pedro es por la caña de azúcar. Los vendedores ambulantes venden la caña en las esquinas de las calles, cortada en pequeños pedazos empaquetados en unas bolsas de plástico que la gente compra por millares.
No hay nada parecido en el mundo. Pero almacenar ese dulce sabor y desarrollar un dulce pegar en el béisbol tiene un precio: mucho trabajo y sacrificio. Yo he pagado ese precio en mi vida. Así que regresar al lugar donde empecé es como volver al manantial para nutrirse.
Una vez allí visito a mi madre frecuentemente, en la casa que le comprécomo le había prometido que haría cuando lograra alcanzar las Grandes Ligas. Pero sobre todo, regreso a San Pedro para entrenarme, ejercitarme y tomar mis turnos en la práctica de bateo. ¿Por qué? Porque no puedo concebir entrenar en otro lugaraunque mis amigos americanos probablemente se sorprenderían de ver dónde me preparo para enfrentarme a Greg Maddux, Randy Johnson, y Kevin Brown.
Es un parque donde jugaba de niño, el lugar donde mi amigo Héctor Peguero me vio por primera vez disparar un lanzamiento al jardín derecho como hago ahora en las Grandes Ligas. Mi hermano Luis me había llevado a Héctor, conocido en mi pueblo por saber mucho de béisbol. Héctor me miró, vio el poderío de mi brazo, se volvió hacia mi hermano y dijo: "Hay Comida"lo que significaba que ese brazo podía pagar por mucha comida. Pero me estoy adelantando. Regresaré a esta historia más tarde.
A medida que nos acercamos al campo en San Pedro, me transporto en el tiempo. Cuando mi carro se acerca, contrasta con la sencillez de lo que nos rodea. Dando botes sobre una carretera de tierra que conduce a un deteriorado diamante de béisbol sin césped en el cuadro; cada vez que vengo presencio la misma escena. Corriendo a ambos lados del carro hay niños vestidos con camisetas manchadas y vaqueros cortados. Algunos gritan mi nombre: "¡Sammy! ¡Sammy!"
Llegando al terreno de juego, paro al lado de la cueva de tercera base. El terreno de juego es salvaje comparado con los diamantes de béisbol en Estados Unidos. Hay piedras por todo el cuadro. La hierba del jardín está dura y en parches. Las cuevas son de piedra y pintadas de verde, aunque la pintura está descascarada desde que yo era niño.
La malla para detener la pelota es una desvencijada cadena de hierro, y en realidad no hay gradas. El parque está en un modesto vecindario de gente trabajadora y está repleto de niños descalzos, como lo fui yo.
Hay mucha pobreza en mi país y ésta rodea el parque. Yo limpiaba zapatos cerca de aquí. Yo vivía cerca de aquí, en una casa con un dormitorio y piso de tierra, sin tuberías y sin baños. Ese tipo de vivienda no ha desaparecido con el transcurso del tiempo. La gente que siempre me espera en el parque de San Pedro continúa viviendo así. Ésta es mi gente.
Conocen mi rutina y se preparan para verme con ilusión. Igual que yo. Cuando me bajo del carro la gente se alegra, pero es respetuosa, se acercan pero no tocan, no me rodean en masa.
Copyright © 2000 por Sammy Sosa. Excerpted courtesy of Time Warner Trade Publishing.