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Chapter 1 | EL VIAJE
La gente siempre me pregunta cómo me mantengo en forma durante el invierno cuando estoy en mi país, la República Dominicana. ¿Tengo un gimnasio en casa? ¿Contrato a un entrenador personal? ¿Practico en un diamante construido especialmente para mí con los últimos adelantos técnicos? Te puedes permitir esos lujos, me dice la gente.
Pero déjenme contarles mi secreto. Tres días a la semana, después de la temporada, salgo de casa temprano por la tarde y me encamino a un sitio especial, el lugar donde me preparo para la siguiente temporada. En este peregrinaje me acompañan mis bates, mi uniforme de los Cachorros de Chicago y todo lo necesario para practicar el arte de pegar a la pelotauna habilidad que me ha traído tanta fortuna y me ha permitido conocer a tanta gente maravillosa.
Para dar las gracias a todos ustedes que me han animado y llenado la vida con tanta alegría, les escribo este libro y los invito a este viaje. Confío en que cuando juntos lo completemos no quedará ninguna duda sobre quién soy y cómo soy.
Hago este viaje (ya les diré pronto hacia dónde) para recordarme a mí mismo de dónde provengo, qué es lo que me da fuerza y qué cosas me han hecho quien soy. Y cada vez que lo realizo, este recorrido se convierte en una celebración, no de jonrones y millones de dólares, sino de fe.
De hecho, mi vida es una celebración de la fe; fe en mis habilidades como jugador de pelota cuando ningún equipo me quería, fe en Dios cuando mi familia y yo teníamos hambre y estábamos sin un centavo. Fe en la persona más importante y más querida de mi vida: mi bendita madre, Mireya.
Alabo su nombre, me toco el corazón y le envío un beso directamente a través de las cámaras de televisión cada vez que logro un jonrón. Ese sencillo gesto es como mi distintivo, algo de lo que se habla mucho en los periódicos y en las revistas. En todos esos artículos y en la televisión siempre digo lo mismo: "Te quiero mamá".
Ese amor me ha sustentado toda la vida, desde aquel lugar que visito una y otra vezprimero cuando era un niño descalzo, ahora como una persona afortunada. Es un pueblo muy conocido para los seguidores del béisbol: San Pedro de Macorís, una ciudad de esperanza y 200.000 habitantes.
Copyright © 2000 por Sammy Sosa. Excerpted courtesy of Time Warner Trade Publishing.
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